Bosque de niebla, Coatepec, Veracruz

La semana pasada, el gobierno federal de los Estados Unidos publicó los resultados de una investigación en la que señalan que el cambio climático costará a la economía de ese país cientos de miles de millones de dólares al año si para el 2100 no se logra disminuir la emisión de gases efecto invernadero.

Los resultados del estudio, que fueron publicados durante el Viernes Negro o Black Friday de este año, día en que la gente enloquece en las tiendas, no son nuevos. Desde hace años se nos ha venido alertando de los efectos del cambio climático en la economía y en todos los aspectos de las vidas de los más de siete mil millones de personas que ocupamos este planeta.

Tristemente todas estas advertencias han ido a parar a oídos sordos de gobiernos que, si bien dicen comprometerse con reducir las emisiones de contaminantes como lo hicieron en el Acuerdo de París, en realidad poco o nada están haciendo en ese rubro porque lo importante es el progreso, y el progreso significa recursos económicos suficientes.

Australia y Canadá, por citar dos ejemplos, están empeñados en la construcción de grandes oleoductos que siguen fomentando la industria más contaminante y nociva para nuestro futuro que es la quema de combustibles fósiles como carbón y petróleo.

¿Y en México? La nueva administración está planteando la construcción de refinerías para obtener derivados del petróleo, particularmente gasolinas, un combustible compuesto de monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre, grandes contaminantes del aire que cada año significan vidas humanas y costos a la salud y a la economía que no se han querido reconocer plenamente. Es decir, el planteamiento no es hacia la sustitución de vehículos que usan gasolina por autos eléctricos, sino en incentivar aún mas el uso de los vehículos de gasolina.

Además, a menos de tres días de terminar el sexenio 2012-2018, PEMEX dio a conocer el descubrimiento de un enorme yacimiento petrolero en el Golfo de México.

Aunado a las emisiones de gases efecto invernadero, está el asunto de la continua deforestación y la amenaza que el nuevo gobierno de Brasil está presentando a uno de los grandes pulmones del mundo que es el Amazonas.

No solo es Brasil. En México se está pensando en construir el llamado “Tren Maya”, que comprometería un buen porcentaje de la reserva de la biosfera de Calakmul según han alertado los más instruidos en el tema, además de que podría tener negativas consecuencias en el estilo de vida de las comunidades.

Desde construir aeropuertos hasta trenes, puertos y oleoductos, todos son proyectos en función de cómo hemos entendido el progreso hasta ahora: tener dinero que nos permita comprar más “bienes” para aumentar nuestra calidad de vida. Y así, si cada verano es más caluroso que el anterior puedo prender el aire acondicionado para refrescarme o viajar a un destino más frío, aunque eso, a su vez, genere más emisiones que contaminen y calienten más el planeta.

Pienso que debemos considerar el progreso no como un tener cosas, sino como un conservar y preservar. Se trata de entender ese ir hacia adelante como cuidar lo que tenemos ahora para evitar costos mayores en la economía (y en nuestras vidas en general). Y ese cuidar empieza por el medio ambiente, aunque eso signifique que no haya nuevos aeropuertos, trenes o puertos que abran las puertas a más bienes de consumo que inunden las tiendas y llenen nuestras casas de cosas que en realidad no necesitamos, pero que nos obligan a hacer casas más grandes para tener más lugar donde guardar esas cosas.

No es un cambio de mentalidad fácil porque estamos acostumbrados a medir el progreso con el dinero y el dinero con los bienes, pero si no cambiamos este discurso, las generaciones más jóvenes se verán forzadas a hacerlo cuando el dinero empiece a significar la posibilidad de alimentarse, tener acceso a agua potable y a aire limpio, invaluables bienes que hoy en día damos por sentados con un valor económico prácticamente nulo.

Redefinamos ahora lo que entendemos por progreso porque no hacerlo presenta un futuro de catastróficas consecuencias.

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