Taza de café y periódico

 

La historia es cíclica y a veces las cosas están bien y hay un gran desarrollo humano y a veces las cosas están mal, como ahora, y hay un declive en casi todos los aspectos. Ahora vamos en bajada y, mucho me temo, que estemos al inicio de la bajada, aunque algunos sintamos que ya estamos tocando fondo.

Estamos siendo espectadores de la caída de las instituciones que creíamos fuertes. El ejemplo más claro de esta situación la están viviendo los vecinos del norte, quienes durante muchos años creyeron (y se ufanaron) que sus instituciones eran intocables, grandes fortalezas como la democracia, la división de poderes, el fincamiento de responsabilidades… hasta que llegó Trump y les hizo saber que era una fantasía.

Los valores que creíamos que nos sostenían como civilización están desapareciendo ante nuestros ojos, como la veracidad. Esta es una época en donde se miente frecuentemente y de forma descarada y poco importa la verdad mientras se alcance el objetivo propuesto con la mentira. Poco parece importar la rectificación de los hechos, mientras existan quienes elijan creer la mentira.

Es una época de amenazas a los derechos humanos y a las libertades ganadas a lo largo de muchos años. Se están menoscabando los derechos de las mujeres y se cierne una gran amenaza sobre los derechos de las personas homosexuales con argumentos como la “ley natural” detrás de los cuales se esconden principios profundamente discriminatorios e intolerantes, principios, en palabras del presidente de Brasil, “terriblemente cristianos”, entendiendo al cristianismo desde un punto de vista muy limitado.

Por la codicia de unos y la pereza de otros está en riesgo hasta el aire que respiramos, el agua que tomamos, la calidad de vida, la salud y la vida misma.

Y estamos siendo espectadores de todo esto, creyendo las mentiras que se ajustan a lo que queremos, aplaudiendo las políticas con las que estamos de acuerdo y abucheando las que no nos gustan sin hacer mayores reflexiones al respecto, y todo desde nuestro cómodo asiento (que amenaza con dejar de ser cómodo) porque no queremos darnos cuenta de que somos responsables de este mundo en picada. Es más fácil creer lo que queremos creer, odiar, denostar y señalar al otro, dejar que mengüen los derechos de unos y otros, dejarnos llevar por la intolerancia y el descrédito a los demás que no piensan como yo (o no creen en lo que creo), y no tomando acción en el urgente cuidado del medioambiente.

Cuando nos quiten la silla de espectadores y quedemos en el suelo, con los derechos pisoteados y ninguneados y humillados, quizá entonces aceptemos que nos deshumanizamos y que al haber copiado las tendencias nocivas de la mayoría todos tomamos parte en esta carrera destructiva.

miabogadoenlinea.net

Se permite la reproducción parcial o total concediendo crédito a miabogadoenlinea.net