prisión

Un juez de la corte de Bradford, Inglaterra, ordenó la detención durante 20 horas de una niña de 15 años a fin de obligarla a rendir testimonio en contra de un hombre de 37 años que abusó sexualmente de ella.

Este arresto ha generado mucha controversia por el tratamiento que se ha dado a esta niña, víctima del delito que era juzgado, pero cuyo testimonio sirvió para condenar a siete años de prisión a Abid Miskeen, de 32 años, por tener actividad sexual con una menor de edad a quien embarazó a los 14 años de edad.

Este caso se puede analizar desde dos puntos de vista que divergen: la justicia y el apoyo a las víctimas.

Por parte de la decisión judicial parecen haber sido dos factores preponderantes los que incidieron en la orden del juez Robert Bartfield del arresto de la víctima. El primero de ellos fue que cuando el juicio inició por primera vez con cinco horas de retraso esta niña se había lo que provocó que el caso fuera postergado. El juicio inició con retraso por la excesiva carga de trabajo del tribunal.

En segundo lugar, la niña no quería rendir testimonio argumentando que aún tenía sentimientos en contra de su victimario, pero sin su testimonio la defensa hubiera alegado que el juicio no había sido justo conforme a las leyes procesales vigente y no se hubiera logrado la condena de este hombre.

Pero por el otro lado se critica que en este caso la víctima fue criminalizada al haber sido mantenida en una celda durante 20 horas lo que a juicio de Adam Pemberton de Apoyo a las Víctimas, pone de relieve que el interés del juez, la fiscalía y la policía fue “servir a la justicia” pero no proteger los derechos de la víctima.

Un interesante caso que ha puesto de manifiesto muchas carencias del sistema judicial en cuanto a organización administrativa, legislación y priorización de jueces y fiscales respecto de la protección de víctimas y testigos vulnerables.

El juez insiste en que la justicia fue servida, justificando con el fin los medios, mientras que sus detractores dicen que situaciones como estas son “Dickensonianas” y no pueden volver a presentarse. Y para los que lo vemos desde afuera es otro caso en lo que debía de ser una misma cosa, la protección a las víctimas y la justicia, no solo diverge sino que parece confrontarse.

 

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