El pasado 13 de abril, el departamento de policía de Millegeville, Georgia, Estados Unidos, recibió una llamada de la Escuela Creekside Elementary para reportar la destrucción de bienes propiedad de otros estudiantes, bienes propiedad de la escuela y lesiones a la directora, perpetrados por un menor. La responsable, Salecia Johnson, de seis años de edad.

 

Según el informe, cuando la policía llegó al jardín de niños, Salecia Johnson estaba gritando en el pasillo mientras trataban de calmarla. Al momento de que la policía trató de contenerla Salecia se alejó corriendo hasta que finalmente la directora y el oficial lograron llevarla a la oficina de ésta.

 

La niña entonces empezó a tomar los objetos de la pared y de los libreros y a arrojarlos por el aire intentando salir de la oficina, mordiendo la chapa y saltando encima de una trituradora de papel.

 

La oficial responsable de la detención trató seis veces de contactar a la mamá de la niña, pero sin éxito. Asimismo, intentó calmar a la niña hablando con ella y tocando su hombro pero en cuanto lo hizo Salecia echó a correr y "comenzó activamente a resistir y luchar", por lo que finalmente fue esposada, “a fin de evitar que se hiciera daño a si misma o a los demás”.

 

Según declaraciones  de la oficina de prensa del departamento de policía, “la estudiante nunca fue colocada en un área de detención o una celda de la cárcel, y el esposar a un delincuente juvenil es un procedimiento común a fin de salvaguardar su seguridad y la de los demás”.

 

Inicialmente la niña fue acusada de lesiones simples en contra de un maestro de escuela y daño criminal a la propiedad, pero los cargos fueron retirados en razón de su edad.  La escuela por su parte suspendió a la niña hasta el mes de agosto.

 

Este no es el primer caso de este tipo ya en 2005 la policía de St. Petersburg, Florida esposó a una niña de 5 años de edad que en una rabieta tiró los libros de una biblioteca, rompió los papeles de un tablón de anuncios, brincó sobre una mesa y golpeó a un oficial de la escuela.

 

Tal vez esto sea el reflejo de una generación de padres permisivos y sobreprotectores.

 

 

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