En América latina la historia parece repetirse en un ciclo continuo que aprovecha la poca memoria histórica de los latinoamericanos. Se han padecido largas y terribles dictaduras en casi todos nuestros países, pero el tema de la reelección, que lleva de regreso a dictaduras, vuelve a ser tema en el tintero causante de serias discordias.

 

Honduras no escapa de esta tendencia a reinstalar la figura de la reelección presidencial y ello ha puesto al país en una seria crisis política. Todo a partir de que el actual presidente Manuel Zelaya propuso que durante las próximas elecciones de noviembre los ciudadanos voten si están a favor o no del cambio constitucional que aprobaría la reelección.

 

A esta propuesta se opuso el general Romeo Vázquez, quien era el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas razón por la cual fue destituido.

 

El general Vázquez tramitó dos amparos en donde demandaba que sus garantías constitucionales habían sido violadas con el despido. La Suprema Corte de Honduras resolvió que había habido violación de garantías y que el general debía ser restituido en su cargo a lo que el presidente Zelaya se opuso, creando una mayor tensión política.

 

La semana pasada el Congreso aprobó una ley en materia de referéndum y plebiscitos para establecer que no se podrá someter ningún asunto a consulta popular dentro de los 180 días previos o posteriores a las elecciones generales. Como la elección para presidente es el próximo noviembre, Zelaya se queda ya sin el tiempo necesario para realizar la convocatoria.

 

Al no acatar la resolución de la Corte y no reinstalar al general Velásquez, Zelaya está desafiando abiertamente a las instituciones de su país, pero además, de insistir en realizar una consulta popular este domingo para realizar la consulta en noviembre sobre la reelección, estaría desafiando a la propia Constitución y a las leyes hondureñas que en este momento califican de ilegal estas consultas populares.

 

Zelaya carece del apoyo del ejército y de la clase política para buscar su reelección, pero es apoyado por las clases campesina y obrera de Honduras, lo que podría poner en riesgo de revueltas sociales a Honduras.

 

Fuente BBC Mundo

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